Archive for April 15th, 2009

Talmud Perspective

Wednesday, April 15th, 2009 | Author:

The word of the Lord is tried  Psalm 18:30

Tried – Christians have suffered for lack of knowledge.  Long ago, our faith was dislodged from its Hebraic roots and cut off from the history of interpretation that followed the Jewish path.  By the end of the third century, Christianity trod the road of Greek metaphysics, leaving behind it the insights of twenty centuries of exploration by believers in the one true God.  In these days, there seems to be a movement afoot to recapture some of those insights.  Christians are seeking the same experience that anchored the Jewish faith through millennia.  One place that they can go to uncover this treasure of the centuries is the Talmud, a collection of the thoughts of Jewish sages.

Step back a moment from the contemporary Christian preoccupation with an evangelical theology, a rather young participant in theological history, and remember that Yeshua was a Jew.  So were all of the disciples and nearly all of the authors of our New Testament canon.  These men did not think like we do.  We have twenty centuries of Greek logic at our backs.  They have thirty centuries of community experience of the Most High God.  Sometimes the two different approaches send us on such divergent paths that we get lost before we have traveled even a mile. 

Perhaps it is time to take just a peek at the way that a rabbi thinks.  After all, Yeshua was a rabbi.  So was Paul.  How can we expect to follow their arguments, illustrations and insights if we pull them out of their own contexts.  It is a tragedy of the greatest magnitude that Christians often treat the Scriptures as the only book in the world that comes to us without a cultural bias.  It is a tragedy because is removes us from the wonder of men who thought deeply about their history with God.  It is a tragedy because it ignores the fact that God comes to us clothed in human context.  Apparently, God preferred Hebrew.

If we look at just this one verse, we find something incredibly important about the perspective of the Talmud and the orientation of Jewish faith.  The rabbis taught that this verse implies that Torah was given for the refinement of human being.  In other words, man becomes human in the process of observing Torah.  Because we find our true humanity in the deepest possible relationship with God, and God has given us His instructions about living in this world in that deep relationship, we become the best human beings we can be as we align our lives with His eternal instructions.  We grow into our humanity in the process of obedience to Torah.

This thought has a powerful corollary.  Torah observance should be a joyful experience of discovering my humanity in the midst of my voluntary commitment.  Keeping Torah is never simply a matter of legislation.  Torah is not a collection of rules.  It is a way of life – in fact, it is the only way of real life because it makes me fully useful to my God and Creator.  From the rabbinic perspective, I am really only human in the joyful celebration of observing God’s instructions.  Therefore, Torah is the most valuable possession I can own.  Nothing else is able to make me what I find most fulfilling, most satisfying and most aligned with my design.  Torah is joy to keep because it is exactly right for who I am.

How do the rabbis draw this conclusion?  They focus on the Hebrew word tsaraph (in this verse translated “tried”).  It means “to test, to purify and to refine,” as a silversmith would refine his metal.  From this practical application, they conclude that God’s Word is the medium by which we are refined, and, of course, the way that His Word refines us is in the way that we are instructed to live by it.  Therefore, as we conform our lives to His Word, we ourselves are refined as human beings.  We emerge as pure silver.  That, my friends, is a joyful state of being.

Topical Index:  rabbinic perspective, Torah, becoming human, Psalm 18:30, tsaraph, Talmud

Día 1 – Bienvenidos a Un Mundo Renovado

Wednesday, April 15th, 2009 | Author:

Durante los próximos treinta días, tendrás la oportunidad de explorar una manera nueva de comprender la Biblia. Esta no es una perspectiva radical ni extrema. Es un regreso a los idiomas y contextos originales de las Escrituras – un vistazo al mundo de los autores hebreos que escribieron el Antiguo y Nuevo Testamento. Creo que estos treinta días serán fascinantes, convincentes y cautivantes. Al final de los treinta días, podrás decidir si deseas unirte al grupo de los participantes de esta comunidad global.

Cada día recibirás un correo electrónico con una investigación corta de una palabra en particular de un versículo de la Escritura. Todos estos estudios te ayudaran a ver cuán diferente es en verdad la perspectiva bíblica – y cuán lejos se ha desviado de su fundamento nuestra comprensión contemporánea de esta antigua apreciación. Pero para comenzar, necesitamos observar algunos fundamentos de nuestra herencia occidental que no han sido examinados. Así que téngame paciencia, esta discusión de apertura es más largo que las otras, pero necesitas saber hacia dónde vamos.

El Hombre de Atenas – El Hombre de Jerusalén

Nuestra civilización contemporánea es como un pastel. El baño del pastel es el
revestimiento de la moralidad Judío-Cristiana, pero el pastel en sí es plenamente griego. Nuestra aproximación epistemológica, a la justicia, la economía, la comunidad, la política, la educación y los negocios se derivan de la filosofía griega, templada por la influencia moral Judío-Cristiana. Una vez que nos comemos el baño del pastel (y hemos consumido una gran parte en los últimos 500 años), lo que nos queda es el pastel griego. Nuestra tarea es examinar el verdadero pastel griego que yace debajo del baño. Debemos hacerlo porque es necesario que comprendamos las consecuencias inevitables de sostenernos mediante el consumo de pastel griego. La Palabra de Hoy solo es una investigación de la diferencia entre la perspectiva del mundo basada en la filosofía griega y la perspectiva hebrea del mundo. El Dios de la Biblia no es griego. Los hombres y mujeres de la Biblia no son griegos. Ni siquiera lo son los libros del Nuevo Testamento. Es evidente que algunos de estos libros fueron escritos en griego, pero los hombres que los escribieron, y los patrones de pensamiento que utilizaron, eran profundamente hebreos.

La perspectiva hebrea es radicalmente diferente a nuestra apreciación contemporánea del mundo, la cual descansa en el modelo griego. Una vez que comenzamos a ver las diferencias, descubriremos nuevas esperanzas para nuestra existencia física y espiritual. De hecho, este descubrimiento en verdad no es en nada nuevo. Es tan antiguo como las arenas de la playa del día en que Dios dijo a Abraham, “de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicare en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar” (Génesis 22:17).

Una de las razones por las que se nos dificulta tanto poner en práctica nuestra fe en nuestra vida cotidiana es que nunca nos hemos tomado el tiempo para comprender estas diferencias. Somos parte de una herencia que se remonta a la Grecia antigua; cientos de años antes que Cristo caminara sobre las carreteras de Galilea. También somos parte de una sociedad reconfigurada por más de dos milenios por las influencias romanas y cristianas. El mundo de los griegos no se parecía en nada al mundo de los hebreos. Los griegos son los padres del pensamiento occidental. Los hebreos son de trasfondo oriental. Los griegos eran una cultura de ciudades-estado, un estado de gobierno por el pueblo, de diversidad étnica e historia intelectual de la razón y la teoría. Los hebreos eran una genealogía de descendencia tribal, de gobierno por la revelación del carácter de Dios, una cultura de peregrinos nómadas y con historia intelectual de sabiduría práctica y rituales culticos.

Nosotros somos el producto de estas dos corrientes. Pero no hemos tomado el tiempo para ver cómo nos afectan estas dos fuertes corrientes. No hemos escuchado las diferencias entre las respuestas griegas y hebreas a las grandes preguntas de la vida. Y como no hemos comprendido que existe una diferencia enorme, continuamos con toda clase de problemas cuando intentamos practicar una fe en Dios basada en la cultura hebrea dentro de un marco de referencia basado en la cultura griega.

Es sumamente difícil intentar vivir en los dos lados del abismo creado por las enormes diferencias entre las respuestas a estas complejísimas preguntas que señalo a continuación. Esta dificultad se manifiesta en la tensión en la vida cristiana, en nuestra interpretación Bíblica y nuestra relación con Dios. Afecta lo que pensamos sobre nosotros mismos, nuestras relaciones con los demás y como adoramos a Dios.

Estas dos corrientes culturales contestan preguntas fundamentales de manera muy diferente:

  • ¿Qué es el Hombre?
  • ¿Cuál es la naturaleza del universo?
  • ¿Quién es Dios?

Los griegos responderían así:

  1. El Hombre es único en el mundo puesto que es la única criatura capaz de ejercer la razón. Su pensamiento racional hace al hombre lo que es.
  2. El Hombre puede conocer la verdad por medio de sus habilidades racionales.
  3. El mundo puede comprenderse plenamente por medio de la investigación racional.
  4. El conocimiento es poder.
  5. Las instituciones sociales son extensiones de las habilidades y conocimientos del Hombre.
  6. El Hombre es capaz de resolver los problemas del mundo.
  7. El Hombre no tiene limitantes cognitivos.
  8. La autosuficiencia es la actitud necesaria para cumplir cualquier cosa imaginable.
  9. El destino del Hombre es el de controlar su mundo.
  10. El hombre tiene una chispa divina dentro de sí. La realización propia nos lleva hacia esta herencia divina.
  11. Todos los caminos religiosos nos llevan a la iluminación espiritual.

¿Cómo responderían los hebreos a estas preguntas?

Dirían algo así: (perdonen el uso de una técnica griega para hacer esto).

  1. Toda la creación comienza y termina con Dios.
  2. El Hombre no es diferente al resto de la creación (es finito y dependiente) pero, al mismo tiempo, es creado para tener una elación diferente y especial con su Creador. Esa relación es un regalo de Dios.
  3. El Hombre es completamente dependiente de Dios aun cuando no reconozca esta dependencia.
  4. Todo aspecto de la vida del Hombre yace bajo la soberanía y el control de Dios.
  5. El problema más grande del Hombre es su decisión de rebelarse contra su Creador.
  6. El Hombre no tiene chispa divina. Ha “caído” de su diseño original y ahora es un violador desobediente de la armonía perfecta de Dios.
  7. El Hombre es incapaz de resolver su problema más fundamental por sí mismo.
  8. Dios juzgará las acciones del Hombre según el parámetro de santidad absoluta.
  9. Dios es el enfoque central de toda la creación, no el Hombre.
  10. El conocimiento, la confianza en uno mismo, son necedades seductoras en cuanto al verdadero problema del Hombre.
  11. La Verdad de Dios es poder.
  12. La sabiduría es la aplicación de la Verdad de Dios.
  13. Dios es el único Ser capaz de decidir lo que es bueno y cierto.
  14. Dios espera que todos los hombres sigan sus instrucciones para la vida (la Tora).

Esto nos ayuda a ver las profundas diferencias entre estas dos apreciaciones del Hombre. Fundamentalmente, la perspectiva hebrea es que Dios es el agente principal en este universo. Todo gira alrededor de Él, de Sus propósitos, Su voluntad y Su control. La perspectiva griega cree que el agente principal del universo es el Hombre. Los elementos más importantes del mundo son las metas, creaciones, habilidades y decisiones del Hombre. Estas dos corrientes simplemente no son compatibles. Las diferencias son tan distantes que no existe posibilidad de transigencia alguna.

Durante los próximos treinta días, intentaremos demostrar que nuestro propio pensamiento contemporáneo es fundamentalmente griego – y la manera en que se opone nuestro pensamiento y comportamiento a la perspectiva hebrea. Así que, toma un poco de tiempo para contemplar donde yaces.

¿Eres griego o hebreo?

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