para que abras sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por la fe en mí, el perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados. Hechos 26:18
Se Vuelvan – Es muy común que los cristianos hablen de la conversión de Pablo en el camino a Damasco. Desafortunadamente, esa es teología importada. El verbo griego epistrepho es utilizado consistentemente para la conversión de los gentiles, nunca para la conversión de un judío. La misión de Pablo era de traer a los gentiles a la casa de Israel por medio de Yeshua. El explica esa misión a Agripa en este pasaje. Le dice que Yeshua los instruye a abrir los ojos de los gentiles y capacitarlos para convertirse de una vida dictada por las demandas de Satanás a una vida bajo la benevolencia de Dios. Esa declaración de misión difícilmente puede adscribirse a los judíos. No estaban bajo la autoridad de Satanás. Los judíos no se convirtieron al Dios de las Escrituras. Ya creían en el Único Dios Verdadero. Lo que necesitaban era ver la verdad sobre el Mesías Yeshua. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento (el Ketuvim Netzarim – los escritos de los que siguen a Yeshua el nazareno) lo llaman una conversión.
Encontraras el mismo verbo utilizado en Hechos 11:21 concerniente a los gentiles de Antioquia, en Hechos 14:15 en apelación a los hombres en Listra, en Hechos 15:19 cuando Santiago se refiere a los gentiles y en Santiago 5:19 cuando se aplica a los pecadores que regresan. Este verbo griego es el equivalente al hebreo shuv, el verbo hebreo mas importante en la Tanak para los que regresan al verdadero Dios de Israel.
Casi todos nosotros somos conversos. Venimos de trasfondos gentiles. Hemos servido dioses falsos, quizás no intencionalmente, pero ciertamente fue voluntario. Perseguimos los sueños que nos ofreció el mundo. Nos suscribimos a religiones de dogmas hechos por el hombre. Estábamos lejos de la casa de Israel. Así que epistrepho se aplica a nosotros. De alguna manera Dios nos toco y nos acercó a la compañía de Su pueblo. Somos conversos. Desafortunadamente, en esta era muchos judíos étnicos también necesitan convertirse puesto que a pesar de su heredad, son realmente griegos en su forma de pensar y actuar. Son tan ciudadanos del mundo como nosotros. Pero cuando Sha´ul escribió esta carta y cuando Lucas escribió su crónica, existía una distinción clara entre aquellos seguidores fieles de Dios (judíos) y quienes yacían fuera de la casa de Jacob. La conversión significaba la adopción como hijo o hija del Dios de Israel, no una religión nueva llamada cristianismo. Sha´ul nunca fue cristiano. Tampoco lo fueron ninguno de los discípulos cercanos a Yeshua. Todos eran judíos que creyeron que Yeshua era el Mesías prometido.
¿Por qué es tan importante esto? ¿Y qué importa ahora que el cristianismo está bien establecido como una religión que también adora al Único Dios Verdadero? La razón por la que importa es sencilla: Sha´ul piensa, habla, escribe y predica como judío mesiánico. De hecho, todo autor del Nuevo Testamento tiene la misma apreciación de la vida – judía. En cuanto comencemos a tratar las palabras de estos hombres como si fuesen algo diferente a las palabras de hombres judíos creyentes en el Mesías, no las comprenderemos bien. Ellos no comparten la perspectiva de los griegos. En sus cartas no emplean las Escrituras como lo harían los eruditos griegos. No tienen la misma apreciación de la responsabilidad social, del gobierno, ética, dinero, poder, religión o la “iglesia.” Su perspectiva viene de judaísmo del Segundo Templo, moldeado por pensamiento rabínico. Si deseamos comprenderlos, debemos resistir todo intento de “convertirlos” a una nueva religión. Nunca dejaron el judaísmo. Solo vieron el dia de su Mesías.
Conversión, epistrepho, shuv, judaísmo, perspectiva, Hechos 26:18



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