Archive for November 12th, 2009

Doble Placer

Thursday, November 12th, 2009 | Author:


Y plantó el SEÑOR Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; Génesis 2:8

Edén – Cuando Rousseau terminó la remodelación del Jardín del Edén, todos creímos que esta palabra hebrea se refería al paraíso tropical repleto de plantas exóticas y deleites eróticos. Es hora de dejar atrás esas imágenes y que veamos la realidad del juego de palabras dentro de éste versículo. Lo que descubriremos podría cambiar tu perspectiva del placer.

Un poco de trabajo detectivesco nos muestra que ´eden es una palabra poco usual. Como sabes, en hebreo la mayoría de los sustantivos poseen género. Así como el francés, castellano y latín, los sustantivos son femeninos o masculinos. Con frecuencia esta característica de género parece completamente independiente del objeto al cual hace referencia. Por ejemplo, una cosecha plena es femenino pero un ángel es masculino (si, es correcto, no existen ángeles femeninas rubias, ni siquiera para Charlie). Esta característica produce algunos atisbos extraños (pero importantes). Por ejemplo, la palabra que describe al Hombre (adam – masculino) como “ser viviente” son ambas sustantivos femeninos (nefesh hayah). Pero ´eden es realmente extraño. Es femenina y masculino. En el Salmo 36:8, ´eden es masculino. Pero en Génesis 18:2, ´eden es un sustantivo femenino que describe el deleite sexual intimo. Claro que ´eden también es el nombre de un lugar. Así que cuando leemos este texto en hebreo, una hueste de imágenes inunda la mente. Los dones buenos de Dios, el placer sexual, el lujo y el embarazo están todas incluidas en una palabra para la ubicación de este Jardín. Aparentemente el idioma hebreo define el placer en categorías mucho más amplias que nuestra imaginación usual sobre el Edén.

Aquí hay algo que debemos notar. Edén no fue creado por Disney o MGM o por la comisión de zonificación de Las Vegas. El Edén es el lugar de placer de Dios. En otras palabras, el Hombre no decide cual será el placer de su vida. Dios coloca al Hombre en el lugar del placer de Dios. Dios dice al Hombre lo que es el placer – y lo que no es. El pictógrafo refuerza el punto. Ayin-Dalet-Nun  es la imagen de “experimentar la puerta a la vida.” Dios define el placer como lo que da vida al hombre. Y claro, Dios, el autor de la vida, define lo que es la vida.

Esta asunción escondida es de importancia vital para nosotros. ¿Qué sucede cuando decidimos definir el placer en nuestros propios términos? Tomamos el lugar de Dios. Actuamos como si somos la fuente de vida. Escogemos el placer basándonos en lo que nos satisface, lo que nos parece bueno, lo que encontramos deleitable. Pero no somos Dios. La vida no nos pertenece. No somos más que criaturas frágiles completamente dependientes en Su gracia para nuestra respiración y nuestro pan. ¿Quién somos para decidir que pertenece dentro del jardín? Eden es el ámbito y diseño de Dios.  Cada vez que escogemos definir el placer en función de nuestra propia estimación de lo bueno, comemos del árbol que provoca caos, destrucción y muerte. Desde la perspectiva bíblica, no soy libre para decidir la naturaleza del placer. Dios lo decide por mí. Es por eso que sembró el jardín en el ´eden.

¡Cuán desesperadamente necesitamos aprender la lección de este pequeño juego de palabras hebreas! En una cultura que aboga por redefinir el placer con cada estimulo novedoso, ya no comprendemos el Edén de Dios ni somos capaces de encontrarlo dentro de los dioses pequeños de nuestra propia creación. La búsqueda del placer solo nos aleja de la verdad. No necesito perseguir lo que Dios ya me ha dado. Solo necesito obedecer – y dejar que Su diseño se convierta en mi deleite, otra vez.

Edén, ´eden, placer, deleite, sexo, Génesis 2:8

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Double Your Pleasure

Thursday, November 12th, 2009 | Author:

and YHWH planted a garden in Eden Genesis 2:8

Eden – By the time Rousseau finished refurbishing the Garden of Eden, we all thought this Hebrew word referred to a tropical paradise filled with exotic plants and erotic delights.  It’s time to leave all those images behind and look at the real word play involved in this verse.  What we discover just might change your entire view of pleasure.

A little detective work reveals that ‘eden is a very unusual word.  As you know, most nouns in Hebrew have gender.  Just like French, Spanish and Latin, nouns are either feminine or masculine.  Often this gender characteristic seems completely independent of the actual object the word refers to.  For example, a full harvest is feminine but an angel is masculine (yes, that’s right, there are no blond, female angels, even for Charlie).  This characteristic produces some strange (but important) insights.  For example, the words describing Man (adam – masculine) as a “living being” are both feminine nouns (nephesh hayah).  But ‘eden is really odd.  It is both masculine and feminine.  In Psalm 36:8, ‘eden is masculine.  It describes the many enjoyments God gives us.  But in Genesis 18:12, ‘eden is a feminine noun that describes intimate sexual delight.  Of course, ‘eden is also the name of a place.  So, when we read this text in Hebrew, a host of images come immediately to mind.  God’s good gifts, sexual pleasure, luxury and pregnancy are all included in the word for the location of this Garden.  Apparently the Hebrew language defines pleasure in much broader categories than our usual imagination about Eden.

There is something else we need to notice here.  Eden was not created by Disney or MGM or the Las Vegas zoning commission.  Eden is God’s place of pleasure.  In other words, Man does not determine what will be his pleasure in life.  God puts Man in the place of God’s pleasure.  God tells Man what pleasure is – and what it is not.  The pictograph makes the point.  Ayin-Daleth-Nun is a picture of “experiencing the door to life.”  God defines pleasure as that which gives life.  And, of course, God, the author of life, defines what life is.

This hidden assumption is vitally important for us.  What happens when we decide to define pleasure in our own terms?  We take on God’s role.  We act as though we are the source of life.  We choose pleasure based on what satisfies us, what is good for us, what we find enjoyable.  But we are not God.  We do not own life.  We are but fragile creatures completely dependent on His grace for our breath and bread.  Who are we to determine what belongs in the garden?  Eden is God’s realm and His design.  Every time we choose to define pleasure based on our estimation of what is good, we eat from the tree that brings chaos, destruction and death.  From the biblical perspective, I am not free to determine the nature of pleasure.  God decides that for me.  That’s why He planted a garden in ‘eden.

How desperately we need to learn the lesson in this simple Hebrew word play!  In a culture that advocates redefining pleasure with every new stimulus, we no longer understand God’s Eden nor are we able to find it among the lesser gods of our own making.  The pursuit of pleasure only takes us further from the truth.  I don’t need to pursue what God has already given me.  I just need to obey – and let His design become my delight once again.

Topical Index: Eden, ‘eden, pleasure, delight, sex, Genesis 2:8